Tanta agua tan cerca de casa: cine cordobés en el Cineclub Municipal

Ante las dificultades que enfrenta el cine independiente para encontrar pantallas, el Colectivo de Cineastas de Córdoba organiza una muestra de cine local en el Cineclub Municipal.  La programación expresa las diversas vertientes estéticas y modos de producción del cine cordobés.

La Victoria - Martin CamposLa victoria (2017), Martín Campos

 

Por Iván Zgaib

 *Esta nota fue publicada  el 05/07/2019 en La Nueva Mañana

 

Parece una selva allá afuera. Unas pocas fieras trajeadas han sabido marcar terreno en los campos inhóspitos de las salas cinematográficas, donde la ley del más fuerte sigue dominando. Esta regla se susurra por los pasillos de las multisalas como un ridículo mantra de negocios: los tanques hollywoodenses vaciarán el candy bar; los caramelos multicolores asaltarán bolsillos con su almíbar pegajoso. En Argentina, el destino de la cartelera depende casi enteramente de una máquina de pochoclos.

No se trata de desestimar completamente las producciones millonarias, sino de señalar cómo su preponderancia afecta a la circulación del cine argentino independiente en nuestras pantallas. Un breve repaso del diagnóstico que hace la Cámara Argentina de Distribuidores Independientes Cinematográficos permite vislumbrar las desigualdades: el público de películas nacionales se concentra en pocos títulos; la invasión de films industriales extranjeros aumenta un 20%; las leyes que regulan la continuidad de films argentinos en cartelera son incumplidas por los exhibidores. 

Por esto, es lógico que el Colectivo de Cineastas de Córdoba haya identificado la distribución como uno de los principales desafíos que enfrenta el cine local. El ciclo ‘Ningún lugar a dónde ir’, que se verá hasta el miércoles 10 de julio en el Cineclub Municipal, representa el primer intento de generar un escenario común donde se exhiban las diversas expresiones del cine hecho por los integrantes del Colectivo. 

La muestra propone recuperar películas de la ciudad, pero también construir un espacio de diálogo entre ellas. “El desafío era bucear y encontrar una programación que dentro de su heterogeneidad permitiera establecer relaciones entre las pelis y pudiera ser representativa de Córdoba y del Colectivo”, dice Martín Campos, uno de los integrantes que programó el ciclo junto a Miguel Peirotti y Cecilia Oliveras, “Es importante poder englobar estas pelis dentro de un movimiento colectivo porque creo que expresan una concepción de lo que es nuestro cine, que tiene algunas particularidades con respecto a lo que se produce en otras partes del país”.

Formas del interior

El ciclo organizado por el Colectivo puede pensarse como un mapeo del cine cordobés. El espacio entre los dos (2012), dirigida por Nadir Medina, presenta la versión más fresca de una tendencia que se observaba hace unos años: una estética realista lanzada a observar la adolescencia en clave de experiencia. Acá, la urgencia de su producción (filmada en pocos días) se traslada al movimiento de la cámara y da forma al ímpetu por captar el deseo juvenil durante una larga noche.

En Mochila de plomo (2018), de Darío Mascambroni, algunos de esos lineamientos se continúan y subvierten. La narración también transcurre en apenas un día, pero se reordena en una estructura más clásica de acciones lineales. Su peculiaridad consiste en mirar a un niño que se involucra en una trama de venganza como si fuera un hecho ordinario, nada fuera de lo común.

Julia y el zorro, una de las películas estrenadas este año con participación de miembros del Colectivo de Cineastas de Córdoba

Inés Barrionuevo (quien tuvo su propio coming of age realista con su ópera prima, Atlántida) presenta una nueva avanzada sobre estos modos de filmar los dramas personales: en Julia y el zorro, la angustia ambigua de la protagonista es enrarecida a través de un uso expresionista de luces y sombras. Su juego de penumbras opone el hermetismo de las casas familiares al paisaje abierto de las sierras; un augurio de deseos distintos para su heroína. 

En otras películas del ciclo, aquellos rasgos intimistas se tuercen con breves incursiones a los géneros clásicos del cine. La mirada escrita (2017), de Nicolás Abello, es un ambicioso thriller de tradición hitchcockeana realizado en la universidad nacional. El último cuadro de Luz Belmondo (2019), producida colectivamente en el marco de un taller, busca construir una comedia visual que remite a los enredos de las viejas screwball hollywoodenses. Más allá de ciertos hallazgos irregulares, lo que estos films señalan son otros modos de producción; algo reacios a las estructuras ortodoxas y abiertos a ensayar aproximaciones cinematográficas corridas de las tendencias.

La victoria (2017), el cortometraje dirigido por Martín Campos, expresa un espectro diferente: una narración menos retraída y más abierta a las desviaciones. Se trata de un retrato sensible sobre los espacios del mítico Cineclub Municipal (recorridos con cámara en movimiento), pero además de una oda a las películas. Su centro de gravedad parece encontrarse cada vez que el cine se desborda de la pantalla e invade la vida de los protagonistas como una marea; constituye un canal abierto donde la vida cotidiana y la fantasía permanecen unidas.

En el caso de los documentales, las películas programadas también exhiben un arco de expresiones diversas. Yatasto (2011) pone la cámara al borde de un carro tirado por caballos para acceder a otro modo de habitar la ciudad: el de los carreros que circulan desde la periferia. En Nosotras Ellas (2015 – un film con amplio recorrido internacional que merece más atención en Argentina), Julia Pesce se corre de las preocupaciones por el espacio social y recorta la mirada a escala del cuerpo: es un estudio poético de las figuras femeninas, donde el paso del tiempo y los lazos entre mujeres se encuentran en el deslizamiento de la cámara por las pieles. 

c1572c59821062c96d0fc33ad32a2983_XL

Descubrimientos y rarezas

“El cine cordobés verdaderamente da muestras de que cuando uno se pone a escarbar encuentra cosas nuevas y cosas que todavía no están en el radar. Lo cual habla muy bien de su salud, porque implica que tiene una producción que excede hasta los canales tradicionales”, comenta Martín Campos sobre el ciclo.

Con eso en mente, la muestra también incorpora películas que han tenido menos visibilidad en el circuito de salas, como los retratos de criaturas peculiares realizados por Germán Scelso en El modelo y El engaño, la aproximación afectuosa a un abuelo en Los pasos de Antonio, la ficción con tintes del mumblecore norteamericano El colchón y el cortometraje Razón de la memoria, que Campos define como “un documento histórico” sobre el surgimiento de la agrupación HIJOS y “un gran retrato de una generación”. 

Creando puentes entre estos distintos films, el Colectivo de Cineastas de Córdoba propone una suerte de fresco: un estado de situación, un descubrimiento y re-descubrimiento donde las películas disparan discusiones nuevas. Un asalto a la desidia de las multisalas, para reclamar el imaginario colectivo.  Ese es nuestro cine. 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s