Poesía melancólica para el héroe trabajador

Arábia, la película de Affonso Uchôa y João Dumas que se ve en el Cineclub Municipal, ofrece un acercamiento a algunas exploraciones del cine brasilero contemporáneo. El film construye una épica melancólica sobre un obrero que recorre Brasil.

Arabia 3Arábia (2017), Affonso Uchôa & João Dumans

 

Por Iván Zgaib

 *Esta nota fue publicada el 22/02/2019 en La Nueva Mañana

 

 

Los conflictos brasileros no se siguen sólo en las noticias. La crisis política y social del país vecino, desnudada en su versión más grotesca con la asunción presidencial de Jair Bolsonaro (aunque configurada desde antes), es un motivo recurrente en el cine brasilero contemporáneo. Pero al margen de las temáticas, quizás no haya aspecto más fascinante que la diversidad con que estos realizadores se aproximan a lo real; una prueba contundente de sus exploraciones cinematográficas.

El carácter despojado y contemplativo que construye A Vizinhança do Tigre para observar a las clases populares, por ejemplo, parece un mundo aparte del realismo más narrativo de Aquarius, donde Kleber Mendonça Filho filma la pelea entre una mujer y una empresa inmobiliaria. Esa misma tensión entre clases sociales es abordada desde un artificio exacerbado en As Boas Maneiras, un ejemplar magistral del cine fantástico con reminiscencias a los films de Jacques Tourneur. Y las películas de Adirley Queirós también retoman los géneros clásicos, en este caso para observar el espacio urbano en clave distópica: Branco sai, preto fica y Era uma vez Brasilia son experimentaciones dentro de la ciencia ficción, donde lo ficticio y lo documental coexisten de manera misteriosa. Allí, las clases populares son imaginadas como si organizaran una resistencia frente a los poderosos. Se trata de una mirada utópica inusual que encuentra su compañera en Jóvenes infelices o un hombre que grita no es un oso que baila¸ la película lúdica de Thiago B. Mendonça que sueña con una juventud rabiosa.

En medio de aquella oleada renovadora, Affonso Uchôa se presenta como una de sus figuras fundamentales. A Vizinhança do Tigre, la opera prima, podría leerse como una suerte de contra-campo de Ciudad de Dios, una de las películas brasileras más famosas (y conservadoras) de este siglo. Frente a la visión miserabilista y explotadora de la pobreza que engendra ésta última, Uchôa crea una mirada intimista de la vida en las favelas, lejos de la espectacularización y de la condescendencia. Y Arábia, su último film co-dirigido junto a João Dumans, continúa ahondando sobre un universo marginal semejante, pero desde una apuesta diferente. Las cualidades minimalistas son ahora reemplazadas por una narración con tintes épicos, que cambia de puntos de vistas, viaja en el tiempo y atraviesa las profundidades del territorio brasilero con la melancolía arrolladora de un canto de música folk.

Arabia 1

La primera particularidad de esta película aparece con su estructura narrativa quebrada. Sobre el comienzo, la atención está puesta en André, un adolescente que tiene a los padres de viaje y pasa los días recorriendo las calles industriales de Ouro Petro. La serenidad de esa rutina, hecha de paseos en bici y meriendas en su casa, se interrumpe con el accidente de un vecino. La película entonces se fractura y muta: André encuentra los diarios íntimos de Cristiano, el hombre accidentado, y la narración toma un atajo. El foco de atención se corre completamente hacia la primera persona que guía aquellos escritos; un viaje durante ocho años, en el cual Cristiano relata cómo pasa de estar en la cárcel a recorrer el país en busca de trabajo y terminar enamorado.

Este giro en el punto de vista (del adolescente solitario al obrero misterioso) no es sólo una estrategia narrativa curiosa, sino una propuesta orgánica a la mirada de la película entera. En ella, los directores sugieren constantemente que los lazos sociales se han dirimido, a tal punto que Cristiano termina inconsciente en el hospital y ninguno de sus vecinos sabe mucho sobre su vida. Que la única manera de acceder a él sea a través de esos diarios viejos parece un efecto espejado de nuestra posición como espectadores: las imágenes que criminalizan y estigmatizan a la otredad pueden encontrar su contrapunto en un cine diferente. Y Arábia convoca a preguntarnos sobre el modo en que conocemos y miramos a esos otros. Por eso, lo que emprende es una disputa. Intenta elaborar una aproximaxión empática hacia su protagonista marginal, un tipo que sufre pero también desea.

Considerando que el film se desenvuelve como una road movie, esa movilidad constante se convierte en una fuente de energía narrativa. Cuando Cristiano cambia de ciudad y su entorno se esfuma y reorganiza, la película accede a historias nuevas. Los personajes que van emergiendo (muchos de ellos apareciendo apenas por una o pocas escenas) acompañan el trayecto solitario del protagonista: el viejo que recuerda cómo cambió la tierra donde creció; el compañero de trabajo que es despedido de un día para otro; las cartas de familiares que llegan desde rincones lejanos del país, trayendo noticias sobre mascotas perdidas, hermanas embarazadas y vecinos arrestados por la policía. Las dificultades de Cristiano, quien encarna el centro narrativo y emocional del film, adquieren una nueva escala a partir de aquellos personajes transitorios. Las penas y sueños individuales son las penas y los sueños de una comunidad entera. Eso conforma un eje dramático que se consolida continuamente, en tanto las escenas que muestran al protagonista recorriendo las rutas solitarias contrastan con los planos que comparte junto a sus compañeros de trabajo.

Arábia elabora, en ese punto, una experiencia de clase: un relato en primera persona que nos ubica en la posición de aquel obrero que recorre Brasil. El alcance expansivo de la película, que va de lo individual a lo colectivo, también se ajusta para retratar ese territorio que acoge a los personajes. Los planos que emulan el movimiento en la ruta o las panorámicas del paisaje utilizan la narración como una vía para registrar visualmente el país. Desde las colinas verdes que se llenan de mandarinas y de trabajadores explotados hasta las montañas de cemento en polvo que se levantan en las ciudades, Arábia recuerda su carácter localizado. Como las canciones de folk melancólico que cantan sus personajes, busca capturar los eventos de un héroe y una nación. Y en ese proceso, se alza como un poema de nuestros tiempos.

 

* Arábia se verá hasta el miércoles 27 de febrero en el Cineclub Municipal.

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