Si la dictadura fuera color de rosa

Crítica de teatro – «Liberadas, Road Scene: Corín II, La Precuela»

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Por Iván Zgaib

 *Esta nota fue publicada originalmente el 11/2015 en el sitio Bitácora de Vuelo

 

    Un escenario deviene autopista. Sobre el asfalto imaginario que la dramaturgia suscita, dos mujeres se mueven entre la posibilidad de transgredir un mundo abusivo y la amenaza de quedar aplastadas bajo sus aguas turbulentas. La promesa que allí subsiste es la de perpetuarse en la historia: Beatriz y Alicia se abren paso en la carretera tras haber robado los documentos con los cuales un régimen dictatorial clasifica la vida de su pueblo. He allí la odisea que ningún hombre tuvo el coraje de cargarse a los hombros, salvo estas dos amigas que así lo celebran. Mientras huyen brindando por la patria, desde la radio del auto se escuchan melodramas, fábulas y cuentos. Novelas rosas que podrían devorar el espíritu libertario de aquellas mujeres, y devolverlas empapadas en un universo donde el ser es culto al macho alfa y las armas que éste carga entre sus piernas.

En Liberadas, Road Scene: Corín II, La Precuela, Martín Gaetán pone en juego dos elementos simples, un auto y una radio, para ubicar a sus personajes en  un mundo de intertextos, realidades e identidades paralelas. Allí una mujer se abraza al volante, y llora a los vientos cuanto nombre ha disfrazado a su cuerpo: algunos la habrán llamado Lucrecia, otros Alicia, y quién sabe con cuántos más rótulos se habrán dirigido a ella. La cantidad de identidades equivale a la inmensidad del deseo, dirá Alicia, pero bien claro tiene que a veces, la libertad de ser puede esfumarse al calor de los moldes que fabrica el sistema. Y el deseo se vende, se mira, se compra, se escucha. Sobre esa idea aparece la radio como dispositivo dramatúrgico, en el que el legado de Corín Tellado, ícono de la literatura romántica popular, retuerce la puesta escénica para escurrir el impulso revolucionario de las dos amigas y travestirlas en personajes de una novela rosa.

       Ubicando el relato en la Argentina del 70’, la obra se entreteje sobre diversas capas de intertextos que dialogan construyendo su sentido: con la Historia, la literatura, el cine y la música. Existe allí una apropiación de las novelas de Corín Tellado que resulta el recurso más evidente, pero que asume su verdadero potencial cuando hace hablar o silenciar la historia de las dos revolucionarias.  La radionovela, entonces, da voz a las mujeres dóciles y sensatas de Tellado, en tanto el auto deja de ser auto para volverse escena melodramática y hacer cuerpo los susurros de aquellas fantasías rosas. Mientras este nuevo mundo irrumpe y se apodera de los personajes, la historia del país se escurre de la voz de Jorge Rafael Videla y sus amigos, cuyos discursos son doblados por la mímica actoral. De fondo se escuchan los himnos pop de la época.

    Cuando las mujeres no están encerradas en la radio, sino libres y fabulando contra un régimen de hombres autoritarios, el referente más fuerte viene del cine y las road movies, que son re-apropiadas por Gaetán para traducirlas a la escena teatral. Bonnie and Clyde y Thelma & Louise quizás sean films concretos con los cuales dialoga al momento de construir el relato de dos personajes que escapan de la “ley”, y de dos mujeres que se alzan por encima de un mundo machista. Siguiendo ese rumbo es que la obra reencarna el espíritu del road movie, donde la carretera es posibilidad de salir adelante, y el viaje es viaje en tanto metáfora de la travesía interior que transforma a los personajes. El punto de quiebre yace aquí en el sentido que Gaetán atribuye al auto y su radio, cuyas implicancias dramatúrgicas podrían significar la obstrucción y el detenimiento.  El auto en el que deambulan las protagonistas es entonces un arma de doble filo; punto de fuga para vehiculizar la liberación femenina, o medio de opresión para encorsetar a las mujeres bajo la talla de la identidad que se vende en cada esquina.

    Liberadas u oprimidas. La obra de Martín Gaetán reflexiona sobre el amor, la libertad y la identidad femenina al construir dos mundos paralelos que se alimentan de Corín Tellado, del pop, del road movie y la propia historia argentina. Por debajo de todo eso hay un dispositivo escénico puesto al servicio de la configuración de sentido, a partir del cual el relato sobre unas mujeres independientes es retrucado con una realidad que las vuelve sumisas. Mujeres sometidas a la dictadura del patriarcado o la novela rosa; ¿cuál es la diferencia? Al fin y al cabo, Videla podría haber sido uno de los  400.000 mil lectores que convirtieron a Corín Tellado en un mito.

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